Críticas (resúmenes)

 

Sobre Cielos segados

Revista Leer

Julia Otxoa, julio de 1992

“Nos encontramos sin duda alguna ante una obra importante, que va a dejar huella y va a crecer dentro de la Cultura Vasca con las especiales señas de identidad que acompañan siempre a la buena literatura, que nos zarandea y perturba… Es Irazoki uno de los poetas más interesantes en el actual y rico panorama poético vasco. Sugerir su lectura es acercar al lector al umbral en el que la belleza de tal forma viva duele”

 

Revista Notas y Estudios Filológicos, nš 7, UNED

Patricio Hernández, marzo de 1993

“Irazoki se nos presenta como poeta de grandes intuiciones, en busca de los pensamientos más profundos, pero siempre a través de las cosas que lo circundan… Estos versos no pueden dejar indiferente a ningún lector, le obligan a penetrar en el denso sentido de la intuición que, mediante sentencias acertadísimas, constituye uno de los mejores logros de la poesía de Irazoki. Sabe concretar, exprimir al máximo, como señala el título de uno de sus poemarios, el diluvio en una ola, el universo en una gota de agua”

 

 


 

 

Sobre Los hombres intermintentes

Diario de Navarra

Juan Gracia Armendáriz, 24-12-2006

“Un conjunto de prosas bellísimas que forman la autobiografía fragmentaria, lírica e imaginativa de Irazoki… Su libro ofrece –‘Lección de pájaros’, ‘Antes de los claveles’, ‘Muerte roñosa’, ‘Vecindario’ o ‘Biografía’– una prosa límpida, profunda y sugestiva que aúna la delicadeza, el amor por el lenguaje y una sonrisa surreal para conjurar el maleficio de la tristeza”

 

Poesía Digital

Elena Medel, enero de 2007

“Los hombres intermitentes es un libro –poesía, relatos, novela, memorias– sobre el amor, la niñez, la tristeza, el deseo, la juventud, la rebeldía, la madurez. Las píldoras de Irazoki, sus poemas-cuentos, suenan a fanfarria y explotan al llevarlas a la boca. En algún texto, además, Irazoki se atreve con una muy personal visión –revisión– de la poesía no sé si social, pero sí desde luego atenta a lo que le rodea: valgan los poemas ‘Hijos ahumados’, ‘Menú del cielo’, ‘Inauguración del extranjero’ o ‘El minero sensual’ como ejemplos. Y es que el fondo y la forma de su poesía convierten a Francisco Javier Irazoki en una excepción dentro de nuestra poesía actual. No he abordado aún su escritura, rendida al surrealismo, tejiendo metáfora con metáfora, imagen absurda tras imagen sorprendente tras lógica aplastante: hablar sobre la vida desde la belleza. Irazoki, en ese sentido, no desentonaría como latinoamericano; me recuerdan sus textos a los poemas de Julio Cortázar. Se trata no tanto de qué decir, sino de cómo decirlo: y, en esto, la propuesta de Irazoki es excéntrica y novedosa, balsámica para nuestro hoy. Ignoro si su residencia en París tendrá algo que ver, pero de haber variado su fecha y lugar de nacimiento, no me habría extrañado ver a Irazoki compartiendo inéditos con Louis Aragon, o participando en alguna acción del OuLiPo. De buscar filiaciones en España, yo señalaría a Pedro Casariego Córdoba, a Juan Carlos Mestre, o al propio Aramburu, cuya poética –y trayectoria vital– no es ajena a la del autor de Los hombres intermitentes: un libro distinto y exigente, de valiosa riqueza y jugosa particularidad”

 

Bacovicious

Esteban Gutiérrez Gómez, 1-1-2009

“Irazoki domina un lenguaje cuidado, medido al máximo para lograr que ese conjunto de metáforas y elipsis (‘Muerte transitable’ es un ejemplo de poesía del silencio) logre penetrar en el lector. Esa es la labor de artesano que valida cualquier propuesta narrativa… Es un libro imprescindible para los amantes de la poesía, del surrealismo, para los lectores cómplices que buscan bucear más allá de lo aparentemente escrito. Es un libro entrañable y sincero que desprende pulcritud y bondad”

 

Relataduras

Juan Carlos Márquez, 24-4-2009

Los hombres intermitentes (Hiperión) no es una autobiografía, ni un libro de cuentos, ni uno de poesía, pero es un compendio de todo lo anterior y el mejor libro que he leído en mucho tiempo. Esencia de escritura. En las historias de Francisco Javier Irazoki la naturaleza está viva, los árboles, los pájaros, las piedras o la luz tienen tanta importancia o más que los hombres. Su escritura es de un vitalismo, aun dentro de la oscuridad, apasionante. Pocas veces la poesía y la prosa se funden con tanta limpieza en la escritura. Me ha gustado tanto que ni me voy a molestar en seguir justificando por qué me ha gustado”

 

El Imparcial

Rafael Narbona, 01-8-2015

“Francisco Javier Irazoki escribe con el alma, con un corazón limpio y generoso que se desborda en cada página, transmitiendo alegría, ternura, fraternidad […] Los hombres intermitentes es un libro necesario, conmovedor, con un hondo sentido de la belleza y la verdad. Zoki, el poeta sin ira, restituye la verdad en una tierra arrasada por el fanatismo de una minoría y nos enseña a mirar el mundo con la sabiduría de un niño que ha descubierto el paraíso en lo terrenal, humilde y cercano. No puedo observar su rostro o leer sus poemas, sin recordar al príncipe Mishkin, compasivo, inteligente e inmune a la malicia, pero con una importante diferencia: Zoki no huye del mundo, sino que lo transforma en una nota interminable de Johann Sebastian Bach”

 

 


 

 

Sobre La nota rota

Diario de Navarra

Juan Gracia Armendáriz, 25-4-2009

“Si hay un autor navarro que trate el lenguaje con maestría de orfebre, ese es Francisco Javier Irazoki. En el panorama actual de la literatura española no es fácil hallar un escritor que destile sus textos con tanta sabiduría. Somos muchos los lectores que seguimos su trayectoria como poeta y ahora como narrador, pero ese secreto a voces acabará imponiéndose, porque el peso de los buenos libros los sitúa, por justicia poética, en el lugar que les corresponde”

 

El Destilador Cultural

José Luis Muñoz, 5-9-2009

“¿Puede un libro de semblanzas de músicos convertirse en material literario e interesar a alguien más que a los melómanos? La pregunta se la hace el lector mientras lee esas breves notas que Irazoki pergeña, con maestría absoluta, y la respuesta, cuando termina, es sí, sin duda… Los conocimientos y la cultura musical del escritor navarro son asombrosos… Con frases cortas, rotundas, desprovistas casi siempre de adjetivos superfluos porque van a lo sustantivo, perfectamente destiladas y podadas hasta expresar, diáfanamente, lo que el autor quiere en destellos tan rápidos como relámpagos, las semblanzas aleatorias y desordenadas que conforman este libro apasionante se convierten en un material literario extraordinario e inclasificable”

 

El País, Babelia

Fernando Navarro, 29-9-2009

Amo la música hecha con cucharas. La frase es de Ornette Coleman, pero parece perfecta para ilustrar la última obra de Francisco Javier Irazoki, que por primera vez se aleja de la poesía, tras el celebrado Los hombres intermitentes, para aproximar al lector a unas pasiones musicales a través de cuidadas semblanzas de artistas, como deliciosas cucharaditas de un plato repleto de compases que giran en torno a dos notas fundamentales: la libertad y la vanguardia. De gusto exquisito y variado”

 

 

 

 

Sobre Retrato de un hilo

Blog de Álvaro Valverde

Álvaro Valverde, 8-3-2013

“Su relato, digamos, es cercano, nos acompaña, nos sugiere. Proviene más de la duda que de la certeza. Irazoki escribe con palabras sencillas, sin alardes, con el tono de lo dicho en voz baja, de la confidencia, de la conversación. Sus versos son tan ‘de verdad’ como él mismo. Al leerlos, quiero decir, tocamos al hombre, percibimos su condición de pasajero y nos identificamos con su alegría, con su malestar… Irazoki se declaró hace tiempo a favor de la alegría, contra el ‘ceño fruncido’, y eso es algo que agradece el lector. Sí, porque salimos de esos versos –tan hospitalarios, tan sosegados, tan hondos- renovados; como si el tedio, la tristeza, el miedo o la indolencia no existieran, como si hubiéramos conjurado su amenaza de una vez y para siempre”

 

Diario de Navarra

Juan Gracia Armendáriz, 17-3-2013

“Se adentró en la prosa con dos libros memorables: Los hombres intermitentes y La nota rota, ambos publicados por Hiperión, editorial que acoge ahora su último trabajo poético, Retrato de un hilo. El libro es anterior a los títulos mencionados, pues su escritura comenzó en Benarés en 1991 y finalizó seis años después en París. Sus poemas son minerales forjados por grandes y prolongadas presiones interiores en los que el autor ha logrado, de nuevo, una luminosa transparencia, fruto de la rara aleación entre la idea poética y una expresión exacta, pulquérrima. No hay imposturas, no hay exhibición de imaginería verbal o rasgos culturalistas. La diferencia entre contenido y expresión desaparece y el texto consigue que el tiempo se detenga”

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El Correo

Fernando Aramburu, 23-3-2013

“La escritura de Irazoki, pese a su ostensible relieve estético, se mantiene a cada instante en los tonos sobrios y apacibles, sea cual sea el asunto abordado. Se trata de una escritura a todas luces depurada, de vocabulario selecto, provista de una sutil musicalidad en la que no hay sitio para los recursos conversacionales ni prosaicos, así como tampoco para la fronda barroca. Es, sobre todo, delicada en su engañosa sencillez, de forma que a uno le es dado experimentar durante la lectura una sostenida sensación de intimidad. Bella sin aspavientos, suave sin edulcoración, es la escritura de un hombre tranquilo que, además de haber alcanzado la maestría literaria, está dotado de esa gracia de difícil, por no decir imposible definición, sin la cual, por muy bien que uno escriba, difícilmente logrará hacer posible la poesía”

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Blog de El Rapsoda

6-4-2013

“Con elegancia sucinta y breve, la inspiración del tiempo detenido, borroso y meditado, en tonalidades de lenguaje casi etéreas, muy respiradas y reflexivas, con mirada clara y firme aunque reposada en la amargura y la piedad, el libro trae ecos del fluir de las cosas que ya no son ni serán sino memoria emocionada, y de las heridas”

 

El Cultural – El Mundo

Túa Blesa, 26-4-2013

“¿Retrato de un hilo?, ¿de qué hilo? Como hace saber el poema del mismo título del libro, ese hilo es el río que fluye, es el Ganges, la corriente de la vida y el espectáculo de la muerte, la conciencia de lo pasajero de todas las cosas, de nosotros mismos y que la mención de la zumaya, al fin ave de paso, en el verso inicial ya lo anuncia, lo que da idea del cuidado con el que están escritos estos poemas de redacción, por otra parte, aparentemente sencilla, pero en el que los detalles, por llamar así a lo que la intuición poética dicta, importan y les dan el valor, la hondura que la lectura reconoce… Irazoki habla de la naturaleza, de su ser, de lo cambiante y permanente, temas recurrentes de la literatura japonesa, por lo que no es casual que el poeta incluya algunos haikus, de extrema delicadeza, por cierto”

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El Norte de Castilla

Fermín Herrero, 25-5-2013

“En su conjunto, esta vieja nueva entrega es un poemario sereno, que no en balde se abre con un jaiku de Issekiro, y contiene cuatro fugas en este molde estrófico japonés. La búsqueda, a través del viaje o lo pasajero aun en la costumbre, pero, sobre todo, desde el amor, orienta un trayecto sosegado, pese al acecho de la muerte -con visión incluida de los ghats del Ganges en Benarés-, con mirada siempre compasiva hacia el otro, en particular los desfavorecidos”

 

Revista Qué Leer, número 188

Enrique Villagrasa, junio de 2013

“Su lenguaje, cada vez más depurado, se reafirma en lo esencial del verso. Artesanales poemas de tal calado que te conducen tras el espejo”

 

El Mundo – Biblioteca en llamas

Juan Bonilla, 6-6-2013

“Irazoki benarea en su libro de poemas Retrato de un hilo (Hiperión). Sus impresiones se ajustan a la incesante maravilla, al espectáculo constante de la ciudad: un espectáculo que obliga a la interiorización, a examinar, en efecto, al yo. Hay poemas suficientemente descriptivos y otros que apuntan lo que la ciudad deposita en la memoria del poeta. Para quien haya estado en Benarés, el libro de Irazoki reverberará con intensidad. Para quien no, lo que reverberará es la experiencia -que por mucho que sea sede espiritual y marco sagrado es más física que metafísica- de un hombre buscando preguntas a la respuesta taxativa que es el mundo: Esa búsqueda fluye / para que el hombre no sea / sólo una pausa de la muerte, dice Irazoki”

 

Revista Manual de Uso Cultural, número 20

Isabel Bono, mayo y junio de 2013

“Francisco Javier Irazoki. Zoki, el hombre sin ‘Ira’ (dijo su amigo Aramburu), acaba de publicar ‘Retrato de un hilo’ (Ed. Hiperión), y de un hilo se me quedan suspendidos los pulmones como reliquia expuesta en una urna. Después de ‘Los hombres intermitentes’ y ‘La nota rota’ no esperaba poemas breves, casi breves. Este libro será mi nuevo devocionario, con esa preciosa portada que más que un hilo parece el sueño de un dragón de agua (si los dragones soñaran y recordaran lo soñado, si los dragones existieran). Los latidos en la garganta me aseguran que ya me ha contaminado la sangre, bendita y dulcísima transubstanciación: ‘Esa búsqueda fluye / para que el hombre no sea / sólo una pausa de la muerte’. El tempo, la respiración. Chivite dice que la poesía es respiración, Chivite también sabe, también encuentra (…) Hoy respiro mejor. Leer a Zoki siempre me hace sentir mejor persona (como mi dulce Vonnegut, como todos mis dulces santos). Respiro tan bien que abriría la ventana y gritaría: ¡Que alguien me diga cómo consiguen algunos hombres ese gesto de bondad auténtica a pesar del paso del tiempo y sus devastadoras consecuencias!”

 

Diario Hoy

Enrique García Fuentes, 22-6-2013

“Hay escritores que son tan malas personas que yo creo que hasta les pone más que a otros compañeros de profesión que se reconozca públicamente -aunque sea con toda la razón- la incuestionable valía de sus obras, porque les legitima y porque siempre pueden adoptar la pose fatal y engreída de que la obra está por encima de la existencia y bla, bla, bla. Pero ¿qué ocurre cuando una obra magnífica no puede superar la hondura, la calidez, el cariño, la calidad, en suma, de la persona que la escribió? Pues que el reseñista tiene que acudir a los usos lingüísticos desmesurados para que el amable lector crea en la valía de la obra en cuestión y no se tiña del desmedido sentimiento que el exégeta pone en ella, prendado, como está, del cariño hacia el autor. Perdonen que comience así, pero es que, ante todo y sobre todo, yo no puedo dejar de reconocer lo mucho que quiero (como todos cuantos le conocemos) a Francisco Javier Irazoki y creo que no tengo por qué callármelo; así que, por una vez, allánenme el camino, fíen de mi palabra y compartan la idea fundamental que les transmito: ‘Retrato de un hilo‘ es un precioso libro de poemas que merece la pena leer y disfrutar; por lo menos a la altura de la calidad humana del simpar ‘Zoki’ (…) En ‘Retrato de un hilo’ (particular referencia al río Ganges) Irazoki vuelve al territorio del verso más canónico, sin dejar de asombrarnos con deliciosos haikús o con amigables versos libres que conducen suavemente el caudal sereno de su lenguaje, tan surrealista como coloquial. No me puedo quitar de la cabeza el sonsonete de la conversación de Zoki porque, manteniéndolo, los versos del libro crecen exponencialmente; son versos para ser oídos recitar a media voz por su charla tranquila: la que puede mantener a raya la tristeza que exuda la mayor parte de los poemas aquí recogidos, el mejor parámetro de la honestidad lírica que, sin levantar la voz, se apena, se molesta por las situaciones expuestas”

 

Blog literario En busca de otras ítacas

María Jesús Silva, 29-6-2013

“Poemas que arrastran placer, que envuelven la pasión que despierta el amor, el clímax de esa esencia que culmina con un te quiero, y a la vez te vacía, te eleva. Poemas de luz que empiezan al amanecer y te llevan hasta la noche donde los extranjeros miran y miran, y preguntan, y se mezclan con el llanto que les ríe. A ratos queda guardada ‘la muerte imposible’, se esconde en forma de flor ‘entre las hojas de un libro de música’. Transcurrir de la vida en los objetos diminutos. Hay un deseo de vivir. Pese al dolor y la muerte, se siente la vida por encima de la muerte. El paso de los sentimientos por las cosas como si fuera un filtro que limpia. Quemar algunas naves para seguir dando otro paso y otro. Poemas de búsqueda y encuentros donde retener las horas y los días azules que serán un tesoro que los años harán añorar. Ausencias que se quedan colgando de la vida para siempre en cada estría y en cada arruga”

 

El País, Babelia

Jon Kortazar, 6-7-2013

“El poeta residente en París, Francisco Javier Irazoki (Lesaka, 1954) presenta un libro delicado y profundo, una exploración en la búsqueda del otro, que sirve como un hilo invisible para no ser ‘una pausa de la muerte’. El texto se estructura en torno a la idea de viaje, metáfora evidente del paso del tiempo y en sus diversas secciones: ‘Equipajes’, ‘Calle de los viajeros’, ‘Viandantes’, ‘Lindes’, profundiza en ese sentido último del significado. La quinta sección queda un tanto fuera de foco: ‘Canciones extranjeras’, escritas originalmente en francés y que aquí se ofrecen con su traducción. Retrato de un hilo se desarrolla desde la idea primera de la serenidad ante la muerte, subrayada en una cita de Issekiro, hasta la última frase en que se cita la imagen de la arena que al caer ‘sus gotas de reloj / crean la música’. La muerte, propone el poeta, puede mirarse como posibilidad de creación artística. Búsqueda del otro: un otro, hindú en su primera configuración, y peregrino que muestra un camino desde donde ‘Ven en la existencia un decorado de la travesía’. Y así viajamos de poema en poema con la coherencia que les ha sabido transmitir Francisco Javier Irazoki. Cada una de las secciones mantiene una unidad de significado, como si ese hilo del título apareciera como metáfora de engarce. Las ideas se desgranan con serenidad: la vida es travesía y sentido, los demás, los otros, crean y reflejan las arrugas del rostro de uno, la admiración por el deseo en la tercera sección, con el amor como asidero ante la muerte, que se cruza en la vida, y una cuarta sección sobre el ser y el paso de los ‘lugares innombrables’. Un poemario en el que la tradición del haiku se une al ambiente del simbolismo francés”

 

Diario de Córdoba

Alejandro López Andrada, 28-9-2013

“Un poema es un labio con un hilo atado al tiempo. Ese labio pronuncia versos misteriosos como los de Irazoki: “Días de azul esquivo y severidad de llanura”. Con un tono a la vez lumínico y crujiente, Francisco Javier Irazoki traza un mundo en Retrato de un hilo armónico, esencial. Sus poemas son vuelos lentos de avutarda que acelera, no obstante, un viento melancólico que los llena y los colma de un celeste resplandor. En una de esas fulguraciones líricas, el poeta nos pregunta: “¿Era un hombre / el viento que acumula / hojas secas / sobre las lápidas?”. Nos atamos en silencio al hilo de Irazoki y el labio de su poesía va fraguando en nuestro corazón versos de cuarzo, líquidos horizontes, bicicletas con manillares de oro y de frambuesas. Javier Irazoki es un poeta mago. Todo es puro y romántico en este poemario profundo y hermoso”

 

 


 

 

Sobre Orquesta de desaparecidos

Blog Déjate de rosas

Fernando Aramburu, 17-10-2015

“Su obra es como él. Es la obra de un hombre sereno que escribe desde una idea positiva de nuestra pasajera existencia, que agradece los dones de la vida y respeta el idioma. Este nuevo libro suyo, publicado en Hiperión, lleva por título Orquesta de desaparecidos. Es lo que tiene acumular años e Irazoki, que pronto añadirá uno más a la colección, arrastra unos cuantos. Pierde uno a tanta gente. Son numerosas las personas evocadas por Irazoki en su libro, no pocas de ellas fallecidas. Con unas tuvo trato directo. Otras merecieron su veneración por los valores estéticos o morales que representan. Con todas ha compuesto el poeta su particular orquesta. Y él está allí, en medio de todos sus músicos mudos, prestándoles voz con los recursos propios del arte literario, sobre los cuales ha alcanzado un dominio que salta a la vista […] Me abstengo de vaciar el saco de elogios sobre el amigo que los merece, pero no los busca ni los necesita. En todo caso, yo le agradezco al otoño que me haya deparado una alegría con la publicación del libro de Irazoki y al resto de las estaciones del año, por qué no decirlo, el sosegado orgullo de disfrutar de la fraternidad de un hombre bueno, sensible y con talento”

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Diario de Navarra

Juan Gracia Armendáriz, 25-10-2015

LOS DESAPARECIDOS

“Tememos a las grandes palabras, pero hay lecturas que aúnan dos elementos difíciles de hallar: verdad y belleza. Francisco Javier Irazoki (Lesaka, 1954) acaba de publicar en el sello Hiperión su último libro: Orquesta de desaparecidos. Un hermoso título para un libro de personajes que han habitado y habitan la vida del autor, a quienes dedica pequeñas sonatas o prosas que componen una sinfonía de asombro y hondura, todo ello dirigido por la batuta de un escritor con una capacidad verbal y sugestiva fuera de lo común. Esta última entrega se emparenta con Los hombres intermitentes, publicado en 2006, pero aquí el autor ha dado un paso más allá en el aspecto confesional. Siempre pudoroso y delicado, residente desde hace años en un pequeño edén parisino construido a la medida del mundo, la lectura de su libro tiene el raro don de establecer a través de la palabra un diálogo íntimo con el lector. El recuerdo de sus padres, su hermana, la infancia en el caserío de Lesaka, los amigos, algún poeta y músico que acompaña sus horas, componen esa orquesta que han construido su biografía estética y moral. No es sencillo encontrar un escritor con la delicadeza de Irazoki y su esfuerzo literario y personal por reivindicar la fraternidad. En Orquesta de desaparecidos, una manzana en un plato, una bailarina, un mendigo, un viaje, la alegría que le proporciona la lectura de un libro o la voz rota de un blues son experiencias que Irazoki transforma en perlas verbales. El dolor está presente, pero siempre como puente hacia la transmutación. A través de las heridas infligidas por la vida, el escritor invita al asombro y a la reconciliación con uno mismo, y por lo tanto con los demás, a través de una escritura que, como bien advirtió el escritor Juan Martínez de las Rivas, parece detener el tiempo: sus textos nos mejoran, tanto en apreciación estética como moral. En mi opinión, Irazoki no sólo ha experimentado una evolución hacia el despojamiento y la libertad expresiva sino que ahora nos ofrece el lujo de su mejor libro”

 

El Cultural – El Mundo

Álvaro Valverde, 30-10-2015

“Con un aire misterioso, que linda con lo mágico y hasta lo surrealista, donde las metáforas respiran con la debida naturalidad y no como artefactos literarios, donde la imaginación se abre paso con el adecuado sigilo y no con el alarde de la pirotecnia verbal, Irazoki construye para nosotros una casa habitable de la que nos sentimos de inmediato afortunados huéspedes [...] Personas y cosas permiten a este `coleccionista de asombros´ erigir, desde la memoria, una sólida morada de palabras fundada en la precisión, la lentitud, la delicadeza, la emoción, la sugerencia y la sensibilidad. En la minuciosa elección del lenguaje, esmeradamente cincelado, según Aramburu (otro expatriado), donde se conjuga a la perfección el tono lírico con la veta narrativa”

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Diario Hoy

Enrique García Fuentes, 14-11-2015

“Vuelve el gran Irazoki […] De profundas raíces vascas y españolas que el poeta ha aireado convenientemente en su ya larga residencia parisina, donde toma contacto con lo más cosmopolita que circula por la cultura francesa, no es de extrañar la franca cordialidad, la profunda humanidad que recorre y satura sus poemas. En estas breves páginas encontramos congregadas la infancia, la adolescencia y la juventud vividas en su tierra de origen con el oreado mundo de su barrio parisino del que tanta experiencia extrae”

 

Blog Corónicas de Inglaterra

Eduardo Moga, 17-11-2015

“Descubrí a Francisco Javier Irazoki, navarro de Lesaca, con Los hombres intermitentes, publicado en 2006 por Hiperión. Me llamó mucho la atención aquel libro, escrito por un poeta para mí desconocido, porque llevaba a la práctica algo que yo también estaba intentando hacer, aunque de forma inarticulada, casi inconsciente todavía: volcar el verso en la prosa, sin que esta dejara de ser prosa, es más, siendo prosa, sobre todo, pero también, radicalmente, poesía […] Como he dicho, la sorpresa era todavía mayor porque aquel libro era obra de un poeta que no me era familiar, y porque sumaba a la insolencia de haber conseguido, de golpe, lo que yo llevaba buscando, la de haberlo hecho de forma inmejorable […] Irazoki siguió publicando libros en la misma editorial –lo que demuestra que quien encuentra un editor que apueste, no solo por un poemario, sino por toda una obra, encuentra un tesoro– hasta este Orquesta de desaparecidos, en que reedita y prolonga aquel volumen inicial, o mejor dicho, iniciático […] Con Orquesta de desaparecidos confirma y radicaliza ahora una trayectoria admirable. El quid de este poemario es la fluidez, la naturalidad, con que su autor logra insertar lo fantástico, es decir, lo poético, en lo real. Y esa realidad es multifacetada: se compone de los recuerdos del poeta, de su ya extensa biografía, y entonces adquiere tintes elegíacos, pero también de la cotidianidad más inmediata, de los conflictos políticos actuales, de lo más cercano y abrasivo […] Una fuerte fibra moral, en la que se confunden lo hedonista y lo estoico, recorre Orquesta de desaparecidos: una fibra moral que reprueba el dolor y reclama la piedad, y que sostiene la soberanía de la conciencia individual frente a las imposiciones doctrinales, como ilustra el magnífico “Oración laica” […] El surrealismo de sus orígenes ha dejado una nítida impronta en su poesía presente. Irazoki opera por sustitución: toma un referente previsible y lo reemplaza por otro inesperado. La combinación suscita la sorpresa y mucho más: suscita la emoción […] La sustitución es briosamente metafórica. El poeta ve en las cosas de la realidad otras cosas: nunca se queda en la superficie. Su mirada transformadora no solo transforma el lenguaje: también muda la realidad […] El poema que da título al libro, Orquesta de desaparecidos, agrupa esta lúcida melancolía y hace de cuantos se han alejado de la vida del poeta el motor de su literatura, su melodía existencial: “sus muertes o su desamor se han convertido en música”. La muerte asoma, con su resplandeciente rostro negro, al final del poemario: la muerte de los demás y la muerte propia, sobre la que Francisco Javier Irazoki solicita en “Testamento”, el último poema, que se plante “el árbol de la discreción”, como discreta, pero magnífica, es su literatura”

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Revista Subverso

Fermín Herrero, 24-11-2015

“Irazoki es un poeta siempre forastero pese a esa mirada limpia y compasiva, de los que no calculan ni sopesan ni coleccionan sus lindes, sino que nos ofrece un excipiente de poesía verdadera –que “no es una delicadeza decorativa, sino una intensidad de la mirada que despierta a la conciencia” – de los días vividos […] Irazoki es un poeta a secas, un poeta espléndido, con el porte rotundo y firme de un roble pirenaico, que se permite el lujo de pasear en las mañanas parisinas la hondura nítida y clara, la lucidez luminosa, entre melancólica e hímnica, del murciano Eloy Sánchez Rosillo […] Irazoki es un poeta. Es tal su poder de convicción, tan manifiesta su autenticidad, tan apegado a ella y tan armónico el estilo que cuando se acaba ‘Orquesta de desaparecidos’ nos gustaría ser uno de ellos o marcharnos a buscarlo a su buhardilla francesa. Irazoki es un poeta valiente del que se comenta que vive en París, donde pergeña textos conmovedores con un mimo artesanal, mientras conjura y esquiva la amenaza de las tejas propensas a desprenderse con la memoria de la guitarra golondrina de Jimi Hendrix”

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Blog El Fescambre

Jimy Ruiz Vega, 25-11-2015

“Francisco Javier Irazoki ha firmado un texto hermoso y emotivo, una crónica particular y sincera de su generación, que cuenta en su haber con el tono sosegado que tanto agradece el lector cuando se trata de una escritura íntima y sin aspavientos”

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Periódico Bilbao, suplemento Pérgola

Álex Oviedo, diciembre de 2015

“Compartimos con Fernando Aramburu la alegría de la publicación de Orquesta de desaparecidos, el nuevo libro de Irazoki, que lo emparenta con Los hombres intermitentes, publicado en 2006. En ambos, la poesía y la prosa se unen para describir la vida del poeta, para mostrarla a un lector sorprendido por la capacidad lírica del escritor. Cada poema, cada texto, está envuelto en belleza y dolor, en sentimiento y emoción, en abrazo y nobleza, en sugerentes imágenes que nos devuelven al reposo de la lectura. Pero aquí Irazoki va más allá, se vuelve quizá más testimonial, más notario de su propia vida al dedicar sus pequeñas prosas a personajes que habitan su mundo o a quienes han dejado en él una huella: sus padres, su hermana, su infancia en Lesaka, o esos forasteros que “han construido lo mejor que transmito”. Poetas, escritores, amigos, músicos callejeros, un ruiseñor, una bailarina, un mendigo e incluso objetos como una teja conforman esta sinfonía confesional e íntima de Irazoki. Textos tras los que el lector mirará al poeta con la alegría de quien se sabe seducido por la hondura y la verdad. Por quien descubre en cada línea un poema”

 

Blog Fuego con nieve

Antonio Rivero Taravillo, 04-12-2015

“Ya me gustaría a mí que tan estupendo título fuera mío, pero le pertenece, con todas las páginas memorables a las que presenta, a Francisco Javier Irazoki. Orquesta de desaparecidos es un libro de prosas de recuerdos, una suerte de Ocnos del Cantábrico que, al igual que el de Cernuda no se agotaba en Sevilla, este también da saltos a Madrid o París. Irazoki evoca, que es llamar del pasado, y lo hace con expresión cuidada y por lo general de una gran belleza […] Hay estampas maravillosas de la hermana, de las tierras vascongadas, de la inclemencia de las grandes ciudades y también de su capacidad de acogida. De la vesania terrorista en los años más duros del terrorismo de ETA”

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El Cultural (El Mundo), columna Vértigos

Eloy Tizón, 18-12-2015

“En su último libro, Orquesta de desaparecidos, Francisco Javier Irazoki nos regala un deslumbrante racimo de prosas breves, exactas como poemas, pero con la carnalidad jugosa de la mejor narrativa. Son ficciones vividas, decantadas, de una nobleza, en estos tiempos ceñudos, casi sobrenatural. El libro entero es una plegaria por los ausentes, no desde la contabilidad plañidera, sino mediante la revolución de la bondad y el brindis por nuestra carne mortal. Para desintoxicarse del “ácido lisérgico de la patria” (qué gran hallazgo), Irazoki propone vaciarnos en el pudor, la celebración de la amistad y la duda, sabedor de que “no hay iglesia que resista de pie el vientecillo de la risa”. Su libro constituye un antídoto contra las bombas, los fanatismos de los falsos profetas, los agoreros y los empachos de tanto himno y banderas, en una apuesta por la sensibilidad conversada, viajada y leída, puesto que “quien ama un idioma ama todos los idiomas”. Dicen que vive en París desde hace décadas, como quien decide instalarse en un estado de ánimo. Allí lo imagino junto a sus compinches de juventud Fernando Aramburu y Juan Martínez de las Rivas, quienes componen en mi memoria un trío de escritores íntegros, alérgicos a la pompa de la academia y proclives -los tres-” a la música del abrazo y la irreverencia inteligente. La caricia no excluye la cicatriz, sino que la abarca en su gesto. Por eso, en su homenaje a su hermana muerta en edad temprana, Irazoki concluye: “Cuando pienso en ella, palpo un obsequio: me acompañó para que yo supiera estar solo”. Hay libros que son como postes señalizadores. Como campanas. Desbrozan caminos e indican rutas. La flecha de Irazoki vuela alta; nos hace mejores y nos ensancha la frente. Emocionante y necesario en cada página, debemos darle las gracias por cedernos este lema para siempre: “El triunfo consiste en no haber herido”

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Navarra.com

Eduardo Laporte, 25-01-2016

“Nuestro hombre de París nos regala una joyita literaria en clave de prosa poética con un fondo de bonhomía raro y valioso en la era del postureo”

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Diario digital El Plural – suplemento Playtime

José Ángel Barrueco, 19-02-2016

“Conviene recordar y leer y releer a esta clase de autores, ahora que los primeros puestos de las listas de los poemarios más vendidos (estoy generalizando) suelen ocuparlos libros sin rigor ni espesura, para que no olvidemos que la literatura es otra cosa: sobre todo, oficio paciente y secreto. Aunque, desafiando todos los pronósticos, curiosamente esta Orquesta… ha permanecido cuatro semanas entre los libros más vendidos de España. Francisco Javier Irazoki ha ido entregando en el siglo XXI una obra escrita en prosa poética (si exceptuamos los versos de Retrato de un hilo), integrada por Los hombres intermitentes, La nota rota y el citado Retrato… Libros luminosos, escritos con mimo y con paciencia: esto último siempre se nota. Si el listón estaba muy alto, creo que Irazoki lo ha superado […] Es un volumen preñado de poesía, de minuciosidad en la descripción, de ráfagas exquisitas de talento […] Bellísimo libro”

 

Diario de Córdoba

Alejandro López Andrada, 6-6-2016

“El lenguaje es un tren de húmedos vagones cuando se adentra en la luz de la memoria. En sus vagones (límpidos poemas) Francisco Javier Irazoki con ternura, y un tono hechizado de melancolía, guarda paseos, rostros de la infancia, máquinas de escribir, seres descalzos, humildes tejados en los que se dibuja la música incinerada de un adiós. Recorrer como niños un bosque iluminado por ágiles vendedores de caminos es una de las propuestas del poemario mágico y magistral de este poeta. Editado espléndidamente en Hiperión este libro hermoso, Orquesta de desaparecidos, es un íntimo itinerario que nos lleva por ‘un bosque asfaltado’, nos dice Irazoki en una línea prodigiosa de este álbum sutil de pérdidas y reencuentros donde late el hechizo de la poesía esencial, esa yedra que escala y abriga el corazón”

 

Revista de Libros

Rafael Narbona, 23-09-2016

“Los poetas son el alma de los pueblos, no porque expresen esa entelequia dudosa que llamamos identidad colectiva, sino porque nos recuerdan la existencia del individuo, su tenaz resistencia a disolverse en la masa, su irreductible singularidad y su legítima rebeldía contra lo tribal y lo gregario. El verdadero poeta es un ciudadano, no un visionario. Es una voz independiente, no el corifeo de consignas y banderas. Francisco Javier Irazoki (Lesaka, 1954) es un poeta auténtico. Nunca ha sucumbido a la llamada de la grey, incitando a la violencia para materializar una ensoñación mítica. Orquesta de desaparecidos, su último poemario, puede leerse como el canto de un hombre que rastrea su pasado, convocando a los muertos y a los vivos mediante el lirismo, el humor y la ternura […] Irazoki no flirtea con el malditismo. Su poesía es profunda porque nace de la voluntad de conocimiento y de la alegría, no del estéril pesimismo […] Es difícil ejercer la crítica literaria cuando se aborda la obra de un poeta. Lo más tentador es recurrir a la redundancia, pero lo cierto es que el crítico no puede limitarse al epíteto laudatorio y a la analogía, o al vituperio más o menos ruidoso. La pregunta es siempre la misma: ¿qué virtud esconde la poesía enjuiciada? En el caso de Irazoki, que escribe pequeños poemas en prosa, se me ocurren varias respuestas. En primer lugar, se trata de una poesía accesible, de fácil comprensión, pero que no renuncia a la excelencia artística. Irazoki se caracteriza por una delicada sensibilidad que produce imágenes deslumbrantes […] Lejos del prosaísmo de ciertos poetas contemporáneos, Irazoki elabora cuidadosamente los poemas, logrando notables resultados estéticos. En segundo lugar, cada página transmite honestidad. La palabra esencial, cabal, barre la palabrería, sembrando en el lector la convicción de asistir al despliegue de una visión del mundo compuesta por vivencias, lecturas y reflexiones sin un gramo de impostura. En tercer lugar, la introspección  convive con una exquisita sensibilidad para el paisaje rural y urbano. No se trata de una poesía costumbrista, sino moderna, que propicia el encuentro entre el yo y un mundo cambiante. Por último, lo poético convive estrechamente con lo cívico, sin incurrir en ningún momento en el sermón o el panfleto […] Orquesta de desaparecidos no es un libro más de poesía, sino una lección de vida y esperanza, que perdura en la memoria como una nota de Mozart. Leerlo es un gesto de resistencia contra la violencia, la intolerancia y el pesimismo. Quizá su principal mérito consista en despertar el amor por la vida, sin deplorar su finitud o imperfección”

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